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Ser atado por una escort

Ya no estoy con mi musa, aquella que me conocía y me hacía explotar de éxtasis ¿Por qué?, porque ha sucedido esto.

Con su abandono y mi soledad necesito llenar ese hueco tan importante sentimental y sexualmente activo. Mis sentimientos de amor iban últimamente apaciguándose pero a su vez tan solo creía mi necesidad de saciar esas ganas de sexo y lujuria combinados con el desenfreno y el deseo de verla atada y de que ella también me atara a mí, sobre todo a mí.

Aquellos momentos fueron muy nuevos para mis conocimientos sexuales, tanto que se convirtió en una obsesión enfermiza. A ella eso no le gustó y poco a poco fue mermando nuestra relación la falta de amor y el ansia de sexo por mi parte.

Han pasado más de 11 meses sin ser dominado por una de mis musas, aquella que le gustaba saborear el gusto de mi piel mientras estaba atado de pies y manos. No le agradaba que yo estuviera así, pero da igual. Ahora ya da igual…

A las dos semanas de no estar con mi musa me estaba volviendo loco, necesitaba una vía de escape, necesitaba ser atado y sometido y no encontraba con quién puesto que no tenía los ánimos suficientes para conocer a nadie.

Fue entonces cuando pensé… ¿Qué tal contactar con una chica de compañía? No lo ví tan mala idea, así que me puse delante del ordenador para buscar la mejor escort en la ciudad de Valencia, puesto que ahí es donde vivo, pero no sé hasta cuándo.

En mi investigación encontré una de las mejores casas de citas de la ciudad. Llamé y pregunté por los servicios. ¡Perfecto! Hacen lo que necesito.

Cuando llegué me sentí un poco extraño pero a la vez nervioso y ansioso por conocer lo que iba a suceder allí.

Irina, colaboradora del centro, fue la escogida, la que me iba a apretar cada milímetro de la cuerda hasta decir basta y excitarme muchísimo.

Subimos a una tercera planta y ella me dijo

– Entra y disfrutarás. ¿Qué es lo que te gusta?

Al escuchar sus palabras se me paró la respiración, por un momento pensé que hacía ahí, pero mi deseo fue a mayor y contesté

– ¡Quiero que me ates! ¡Que me ates y me sometas dueña mía! Haz conmigo lo que quieras pero átame todo lo fuerte que puedas.

En ese momento Irina actuó.

– Ven aquí perro que te voy a atar y vas a sufrir. ¿Quieres fusta?

– ¡Sí! Azótame, quiero que me azotes que me des fuerte y que me acabes haciendo el amor de forma brutal y salvaje, sin piedad. – le espeté con toda mi ansia de sexo duro.

Así sucedió toda las tres horas que había contratado, puesto que sentía una gran necesidad sexual y sobre todo psicológica de que me atasen y que me sometieran.

Tres días más tarde, no paraba de darle vueltas a la cabeza de lo que Irina había conseguido en esa sesión BDSM. Me encantó. Y pensé entre mí ¿Creo que voy a volver? Mi respuesta no tuvo duda: Sí

bdsm

Al día siguiente me dirigí hacía el mismo lugar dónde días anteriores había tenido una de las mejores sesiones bondage de mi vida.

Pregunté por Irina, y me respondieron que no se encontraba disponible, que en 2 horas volviera. Decidí quedarme y ver un poco el panorama. Pasó volando, viendo idas y venidas, secretos y aficiones que no todo el mundo comprendería.

Pasado el tiempo, Irina me recibió y durante otra hora y media fue una de las mejores noches de sexo y placer fetichista y masoquista. Su dulce piel blanca y su carácter de toro me ponía y me ponía mucho.

Fueron pasando los días, y los meses y mi obsesión por Irina iba creciendo. Tan solo quería estar con ella, no por amor, sino por sexo. Ella era la única que me entendía pero ahora solo la quería para mí. Me daba igual el dinero.

Mi obsesión era tal que quería que estuviera conmigo, aunque le pagase una mensualidad y le diera un techo. Esa misma noche se lo propondría.

Las 23.00h, la de siempre y con la de siempre. Quise decírselo nada más verla, pero mi ansia sexual me pudo. Pasadas las 00.00h se lo solté de sopetón y ella se quedó helada:

– Irina, sé mi ama y dueña para siempre, vente a vivir conmigo y te pagaré si hace falta – le dije.

– Yo… no sé… la verdad… Mi vida siempre ha girado alrededor del bondage y del placer pero nunca me han propuesto esto, dame unos días para pensármelo – me respondió confusa.

Respeté su decisión, y en cada una de mis visitas le volvía a preguntar. Sé que fue obsesivo, pero debía de ser mía tan solo para mí, tan solo para practicar sexo. El de ella me gustaba y mucho.

Con el tiempo se fue enfriando la relación, aún no sé por qué pero ahora 11 meses después siento que otra de mis musas me ha abandonado.